sábado, 18 de julio de 2020

Mujer Semilla

Cuentan las abuelas que cuando nacieron los seres humanos,
la tierra les regalo una vasija sagrada para recordarla. 
Y  la puso en un lugar muy especial, abajo de la fuerza de voluntad y arriba de las raíces, y la conectó con los ríos interiores de cada uno para poderle ofrendar siempre un poco de fertilidad.
Esa vasija es igual a un volcán, y contiene la flama encendida, es ahí donde se gestan todos los nacimientos. Ahí es donde inicia la creación universal.
Esa vasija la hizo de barro para que pueda latir. Y si la amamos y cuidamos puede crearse en ella un jardín lleno de sabiduría y memorias.

La vasija la hizo perfecta, húmeda, caliente y depositó en ella todas las pócimas y alquimias para recordar cómo se sana la humanidad. 

Guarda los secretos de toda la creación y de ella sale un poder inigualable.
La tierra advirtió que si perdemos la conexión nos enfermamos de tristeza o manipulación.
También guardo en ella la receta para su sanación y creo plantas y flores a su servicio, ruda, salvia, Santa María, sangre de drago, menstruanza y cancerina cuando la sentimos quebrada.

La hizo pensando en una flor, se inspiró en las orquídeas y así la dibujó.
Con esa sutileza se toca, con sus perfumes ella habla, con sus esencias nos envuelve.
La puso es todas sus hijas para que  recordemos que somos hermanas, y le otorgó ciclos iguales a los de la luna, para hacerlas a todas sabias.
Ella puso en esa vasija un hechizo, y el conjuro consistía en prenderlas todas juntas para que pudieran conectarse, recordando a todas las abuelas.
Todas esas vasijas están encendiéndose, el volcán se está despertando.
Texto de Lucrecia Astronauta, (Copyright 2018),  Ilustración @hanakomimiko)

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